¡Ya estoy de vuelta! En primer lugar tengo que decir que el
aspecto del mueble de la foto se debe, sobre todo, a la paciencia de mi madre.
El craquelado consiste grosso modo en resquebrajar o
cuartear una superficie. Hay muchas formas para craquelar, aunque todas se basan en el mismo principio, que ya se
comentó en el post de Gemmasm. Se puede realizar sobre diferentes materiales:
madera, yeso, metal, cristal, etc., por eso la técnica del craquelado se aplica
tanto a muebles como a cuadros, bandejas
de cristal, objetos de bizcocho cerámico, etc. Aplicado sobre paredes se pueden
conseguir efectos preciosos (lo he visto, pero yo no lo he hecho nunca).
El que aparece en la foto está hecho sobre madera, que es de
lo que conozco un poco más. En este caso, lo primero que hay que hacer es
preparar convenientemente la madera, es decir, hay que lijarla y limpiar bien todo
el polvo. Después se puede dejar la madera tal cual esté, o bien aplicar un
tinte (o una pintura) del color que se quiera dar a la base. A partir de aquí
las formas de realizar el craquelado son muy diversas. Os contaré un par de
ellas, las más sencillas, y luego ya iré poniendo algunas más (son todas muy
parecidas), y una técnica de falso
craquelado que queda genial para cuadros:
1ª.- La más fácil es comprar pintura para craquelar. La he
visto en blanco y en rojo (no sé si hay más colores), y es muy sencilla de
aplicar (basta con utilizar una brocha y aplicarla siempre en el mismo sentido).
El único problema que tiene es que huele a rayos, y el olor perdura durante
días. Para iniciarse en el craquelado es la mejor, porque puedes practicar con
ella y ver la diferencia que existe entre el grosor y la forma de las grietas
dependiendo de la cantidad de pintura y la rapidez del secado.
Si la madera no se ha teñido previamente, se puede dar, una
vez que la pintura esté seca, una mano de betún de Judea: “envejece las
grietas” sin modificar la pintura y da un aspecto más antiguo al mueble. (¡Ojo!,
nunca se debe dar antes que la pintura de craquelar).
2ª.- (Supondremos siempre que la madera está
convenientemente lijada y limpia). En este caso, también nos vamos a ayudar de
un líquido para craquelar que venden en cualquier tienda de manualidades. Una
vez que la pintura de fondo esté completamente seca, se aplica el líquido
craquelador con una brocha. En lo único que hay que tener cuidado es en
recordar en qué sentido estamos dando el líquido craquelador (pues la pintura
acrílica que apliquemos después hay que darla en el mismo sentido), y en no
escatimar producto. Es fácil ver si lo hemos hecho bien, ya que el resultado
final, una vez seco, es una brillante capa uniforme y homogénea (el tiempo de
secado depende del fabricante, suele variar entre tres y cinco horas, aunque se
puede dejar secar durante días). Después se aplica cualquier pintura acríclica,
pero ¡ojo!, no se puede pasar la brocha dos veces por el mismo sitio, ya se
levantaría el craquelador.
Bueno, estas dos técnicas y las que os iré poniendo poco a
poco las podéis encontrar en libros, páginas web, etc., pero lo que nunca he
visto han sido observaciones sobre el lugar donde hacemos el craquelado. Muchos
de nosotros hacemos “trabajos” en los talleres y garajes de casa; suelen ser
lugares más fríos y húmedos, y estas circunstancias son adversas para el
craquelado. Si no hay más remedio que hacerlo en sitios húmedos y fríos, lo
mejor es ayudar a secar con el secador de pelo, o poner una estufa, o cualquier
fuente de calor. Si se usa el secador, hay que tener cuidado en no aplicarlo
directamente sobre los productos, ya que algunos “se queman” al contacto con el
aire caliente.