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rebeca328

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» Fecha: 15/09/2008 10:37

Platero y yo.

Nº de respuestas: 20 - Nº de lecturas: 279

Uno de mis libros favoritos es Platero y yo. Su lectura aumentó mi cariño por los animales, algo que según leo, comparto con muchos de vosotr(@)s .


Copio este primer capítulo con especial cariño para tod(@)s l(@)s forer(@)s de facilísimo y en especial a l(@)s adolescentes que nos lean desde el foro de animales. Un beso a tod(@)s .



PLATERO.


Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos.Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.


Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas...Lo llamo dulcemente: ¿Platero?, y viene hacia mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...


Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel...


Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra.


Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:


-Tien´ asero...


Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.



JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.

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mare

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» Fecha: 15/09/2008 11:01:35

No sabes cuanto me gusta ese libro.

Creo que tambien fue de los primeros que leí,me lo regalo mi padre con una dedicatoria muy especial yo pasaba una temporada en el pueblo con mi abuela y ella no sabia ni leer ni escribir,esto fue un doble regalo para las dos,yo leia el libro en voz alta cada tarde en la hora de la siesta tumbada en una manta mientras mi abuela tejia alfombras de jarapa,trozos de recortes de tela hechos tiras que anudaba y hacia con ellos un ovillo gordisimo para tejerlos.

Terminamos el libro ese verano,y prometimos que el siguiente verano leeriamos otro a medias.

El siguiente fue sinuhe el egipcio,estos dos libros forman parte de mi vida en muchos sentidos.

Gracias por sacar del baul de los recuerdos una bella lectura.

Un besote

rebeca328

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» Fecha: 15/09/2008 11:15:33
Gracias a ti por leerme, Mare.Sonrisa

corazones1971

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» Fecha: 15/09/2008 11:38:22

me has echo volver a mi infancia, y debe ser la fiebre, hasta soltar una lagrimita...

gracias rebeca

rebeca328

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» Fecha: 15/09/2008 11:44:55
Corazones1971, es que este libro tiene capítulos muy emotivos...Sonrisay las gracias se las debemos de dar a Juan Ramón Jiménez, que fué quiénlo escribió. Un beso.

evla

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» Fecha: 15/09/2008 12:26:05
Es un libro maravilloso que me hace llorar de emoción. Siempre dije que si alguna vez tenía un burrito, le pondría Platero, fuera del color que fuese. No lo tengo, así que a Platero lo tengo como si fuera de mi propiedad. Me encanta el primer capítulo, el de la luna y el de la mariposa. Cuando muere me da una pena enorme y siempre que lo leo acabo llorando. Es uno de los iconos de mi infancia, ese entrañable e inmortal borriquillo de Moguer. Qué buenos ratos me ha hecho pasar Juan Ramón. Por cierto, de él os recomiendo también el "Diario de un poeta reciencasado" y la edición que hizo junto a su mujer de la Obra Escojida (sic) de Rabindranath Tagore. creo que está publicada en Aguilar. Bueno, en realidad, me gusta toda su obra.

rebeca328

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» Fecha: 15/09/2008 12:35:59
Tendré en cuenta este diario, Evla, no lo conocía, gracias.

rebeca328

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» Fecha: 15/09/2008 12:38:34

No te he mandado un beso y un abrazo, disculpa, siempre voy corriendo aunque no sea necesario, jeje...SonrisaSonrisa

rebeca328

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» Fecha: 15/09/2008 12:47:43

MARIPOSAS BLANCAS.

La noche cae, brumosa ya y morada. Vagas claridades malvas y verdes perduran tras la torre de la iglesia. El camino sube, lleno de sombras, de campanillas, de fragancia de yerba, de canciones, de cansancio y anhelo. De pronto, un hombre oscuro, con una gorra y un pincho, roja un instante la cara fea por la luz del cigarro, baja a nosotros de una casucha miserable, perdida entre sacas de carbón. Platero se amedrenta.

-¿Ba argo?.

-Vea usted... Mariposas blancas...

El hombre quiere clavar su pincho de hierro en el seroncillo, y no lo evito. Abro la alforja y el no ve nada. Y el alimento ideal pasa, libre y cándido, sin pagar su tributo a los Consumos...

rebeca328

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» Fecha: 15/09/2008 12:51:09

Olvidé:

Del libro Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez.

rebeca328

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» Fecha: 15/09/2008 18:00:55

JUEGOS DEL ANOCHECER.

Cuando, en el crepúsculo del pueblo, Platero y yo entramos ateridos, por la oscuridad morada de la calleja miserable que da al río seco, los niños pobres juegan a asustarse, fingiéndose mendigos. Uno se echa un saco a la cabeza, otro dice que no ve, otro se hace el cojo...

Después, en ese brusco cambiar de la infancia, como llevan unos zapatos y un vestido, y como sus madres, ellas sabrán como, les han dado algo de comer, se creen unos príncipes:

-Mi pare tié un reló e plata.

-Y er mío, un cabayo.

Y er mío, una ejcopeta.

Reloj que levantará la madrugada, escopeta que no matará el hambre, caballo que llevará a la miseria...

El corro, luego. Entre tanta negrura una niña forastera, que habla de otro modo, la sobrina del Pájaro Verde, con voz débil, hilo de cristal acuoso en la sombra, canta entonadamente, cual una princesa:

Yo soy laaa viudiiita

del Condeee de Oréé...

...¡Sí, sí! ¡Cantad, soñad, niños pobres! Pronto, al amanecer vuestra adolescencia, la primavera os asustará, como un mendigo, enmascarada de invierno.

-Vamos, Platero...

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ. (Platero y yo).

rebeca328

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» Fecha: 16/09/2008 05:48:49

EL ECLIPSE.

Nos metimos las manos en los bolsillos, sin querer, y la frente sintió el fino aleteo de la sombra fresca, igual que cuando se entra en un pinar espeso. Las gallinas se fueron recogiendo en su escalera amparada, una a una. Alrededor, el campo enlutó su verde, cual si el velo morado del altar mayor lo cobijase. Se vio, blanco, el mar lejano, y algunas estrellas lucieron, pálidas. ¡Cómo iban trocando blancura por blancura las azoteas! Los que estábamos en ellas nos gritábamos cosas de ingenio mejor o peor, pequeños y oscuros en aquel silencio reducido del eclipse.

Mirábamos el sol con todo: con los gemelos de teatro, con el anteojo de larga vista, con una botella, con un cristal ahumado; y desde todas partes: desde el mirador, desde la escalera el corral, desde la ventana del granero, desde la cancela del patio, por sus cristales granas y azules...

Al ocultarse el sol que, un momento antes, todo lo hacía dos, tres, cien veces más grande y mejor con sus complicaciones de luz y oro, todo, sin la transición larga del crepúsculo, lo dejaba solo y pobre, como si hubiera cambiado pnzas primero y luego plata por cobre. Era el pueblo como un perro chico, mohoso y ya sin cambio. ¡Qué tristes y qué pequeñas las calles, las plazas, la torre, los caminos de los montes!

Platero parecía, allá en el corral, un burro menos verdadero, diferente y recortado; otro burro...

Juan Ramón Jiménez. (Platero y yo).

rebeca328

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» Fecha: 16/09/2008 05:55:27

La palabra equivocada es "ONZAS", o sea que la frase correcta es:

Como si hubiera cambiado onzas primero y luego plata por cobre.

rebeca328

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» Fecha: 16/09/2008 08:24:49

ESCALOFRÍO.

La luna viene con nosotros, grande, redonda, pura. En los prados soñolientos se ven, vagamente, no sé qué cabras negras, entre las zarzamoras...Alguien se esconde, tácito, a nuestro pasar...Sobre el vallado, un almendro immenso, níveo de flor y de luna, revuelta la copa con una nube blanca, cobija el camino asaeteado de estrellas de marzo...Un olor penetrante a naranjas..., humedad y silencio...La cañada de las Brujas...

-¡Platero, qué...frío!

Platero, no sé si con su miedo o con el mío, trota, entra en el arroyo, pisa la luna y la hace pedazos. Es como si un enjambre de claras rosas de cristal se enredara, queriendo retenerlo, a su trote...

Y trota Platero, cuesta arriba, encogida la grupa cual si alguien le fuese a alcanzar, sintiendo ya la tibieza suave, que parece que nunca llega, del pueblo que se acerca...

Juan Ramón Jiménez . (Platero y yo).

rebeca328

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» Fecha: 17/09/2008 08:46:32

LA MIGA.

Si tú vinieras, Platero, con los demás niños, a la miga, aprenderías el a, b, c, y escribirías palotes. Sabrias tanto como el burro de las Figuras de cera--el amigo de la Sirenita del Mar, que aparece coronado de flores de trapo, por el cristal que muestra a ella, rosa toda, carne y oro, en su verde elemento--; más que el médico y el cura de Palos, Platero.

Pero, aunque no tienes más que cuatro años, ¡eres tan grandote y poco fino! ¿En qué sillita te ibas a sentar tú, en qué mesa ibas tú a escribir, qué cartilla ni qué pluma te bastarían, en qué lugar del corro ibas a cantar, di, el Credo?

No. Doña Domitila--de hábito de Padre Jesús de Nazareno, morado todo con el cordón amarillo, igual que Reyes, el besuguero--, te tendría, a lo mejor, dos horas de rodillas en un rincón del patio de los plátanos, o te daría con su larga caña seca en las manos, o se comería la carne de membrillo de tu merienda, o te pondría un papel ardiendo bajo el rabo y tan coloradas y tan calientes las orejas como se le ponen al hijo del aperador cuando va a llover...

No, Platero, no. Vente tú conmigo. Yo te enseñaré las flores y las estrellas. Y no se reirán de ti como un niño torpón, ni te pondrán, cual si fueras lo que ellos llaman un burro, el gorro de los ojos grandes ribeteados de añil y almagra, como los de las barcas del río, con dos orejas dobles que las tuyas.

Juan Ramón Jiménez. (Platero y yo).

rebeca328

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» Fecha: 17/09/2008 20:18:31

EL LOCO.

Vestido de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero.

Cuando, yendo a las viñas, cruzo las últimas calles, blancas de cal con sol, los chiquillos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos, las tensas barrigas tostadas, corren detrás de nosotros, chillando largamente:

--¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!

...Delante está el campo, ya verde. Frente al cielo immenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos-¡tan lejos de mis oídos!- se abren noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sin fin del horizonte...

Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos, velados finamente, entrecortados, jadeantes, aburridos:

--¡El lo...co! ¡El lo...co!.

Juan Ramón Jiménez . (Platero y yo).

rebeca328

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» Fecha: 18/09/2008 08:59:01

jUDAS.

No te asustes, hombre! ¿Qué te pasa? Vamos, quietecito...Es que están matando a Judas, tonto.

Sí, están matando a Judas. Tenían puesto uno en el Monturrio, otro en la calle de Enmedio, otro, ahí, en el Pozo del Concejo. Yo los vi anoche, fijos como por una fuerza sobrenatural en el aire, invisible en la oscuridad la cuerda que, de doblado a balcón, los sostenía. ¡Qué grotescas mescolanzas de viejos sombreros de copa y mangas de mujer, de caretas de ministros y miriñaques, bajo las estrellas serenas! Los perros les ladraban sin irse del todo, y los caballos, recelosos, no querían pasar bajo ellos...

Ahora las campanas dicen, Platero, que el velo del altar mayor se ha roto. No creo que haya quedado escopeta en el pueblo sin disparar a Judas. Hasta aquí llega el olor de la pólvora. ¡Otro tiro! ¡Otro!...

...Sólo que Judas, hoy, Platero, es el diputado, o la maestra, o el forense, o el recaudador, o el alcalde, o la comadrona, y cada hombre descarga su escopeta cobarde, hecho niño esta mañana del Sábado Santo, contra el que tiene su odio, en una superposición de vagos y absurdos simulacros primaverales.

Juan Ramón Jiménez (Platero y yo).

rebeca328

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» Fecha: 18/09/2008 18:23:16

LAS BREVAS.

Fue el alba neblinosa y cruda, buena para las brevas, y, con las seis, nos fuimos a comerlas a la Rica.

Aún, bajo las grandes higueras centenarias, cuyos troncos grises enlazaban en la sombra fría, como bajo una falda, sus muslos opulentos, dormitaba la noche; y las anchas hojas--que se pusieron Adán y Eva-- atesoraban un fino tejido de perlillas de rocío que empalidecía su blanda verdura. Desde allí dentro se veía, entre la baja esmeralda viciosa, la aurora que rosaba, más viva cada vez, los velos incoloros del oriente.

rebeca328

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» Fecha: 18/09/2008 18:30:25

...Corríamos locos, a ver quién llegaba antes a cada higuera. Rociillo cogió conmigo la primera hoja de una, en un sofoco de risas y palpitaciones.

--Toca aquí. Y me ponía mi mano, con la suya, en su corazón, sobre el que el pecho joven subía y bajaba como una menuda ola prisionera--. Adela apenas sabía correr, gordinflona y chica, y se enfadaba desde lejos. Le arranqué a Platero unas cuantas brevas maduras y se las puse sobre el asiento de una cepa vieja, para que no se aburriera.

rebeca328

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» Fecha: 18/09/2008 18:38:21

El tiroteo lo comenzó Adela, enfadada por su torpeza, con risas en la boca y lágrimas en los ojos. Me estrelló una breva en la frente. Seguimos Rociillo y yo y, más que nunca por la boca, comimos brevas por los ojos, por la nariz, por las mangas, por la nuca, en un griterío agudo y sin tregua, que caía, con las brevas desapuntadas, en las viñas frescas del amanecer. Una breva de dio a Platero, y ya fue él blanco de la locura. Como el infeliz no podía defenderse ni contestar, yo tomé su partido; y un diluvio blando y azul cruzó el aire puro, en todas direcciones, como una metralla rápida.

Un doble reír, caído y cansado, expresó desde el suelo el femenino rendimiento.

Juan Ramón Jiménez . (Platero y yo).

rebeca328

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» Fecha: 19/09/2008 15:13:06

LA PÚA.

Entrando en la dehesa de los Caballos, Platero ha comenzado a cojear. Me he echado al suelo...

--Pero, hombre, ¿qué te pasa?

Platero ha dejado la mano derecha un poco levantada, mostrando la ranilla, sin fuerza y sin peso, sin tocar casi con el casco la arena ardiente del camino.

Con una solicitud mayor, sin duda, que la del viejo Darbón, su médico, le he doblado la mano y le he mirado la ranilla roja. Una púa larga y verde, de naranjo sano, está clavada en ella como un redondo puñalillo de esmeralda. Estremecido del dolor de Platero, he tirado de la púa; y me lo he llevado al pobre al arroyo de los lirios amarillos, para que el agua corriente le lama, con su larga lengua pura, la heridilla.

Después, hemos seguido hacia la mar blanca, yo delante, él detrás, cojeando tadavía y dándome suaves topadas en la espalda...

Juan Ramón Jiménez (Platero y yo).

 
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