Anécdotas inolvidables
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Para romper el hielo, os cuento la que hice yo, y que siempre me cuenta mi madre. En una ocasión, de vacaciones en un hotel, un camarero iba con un carro grande lleno de comida, para reponer el buffet del restaurante. Yo, travieso por excelencia, decidí poner la zancadilla al pobre camarero, que se calló de boca, tirando el carro entero al suelo. El ruido y el espectáculo que provocó podéis imaginarlo. Así que me quedé sin cenar ese día.
¿Qué anécdotas tenéis de vuestros hijos? ¿Son muy traviesos?



