De todas formas, hablamos mucho de las guarderías públicas, pero al final pasa como con todas las cosas de caracter público, y es que no es oro todo lo que reluce. Yo, maravilla de las maravillas, conseguí plaza en una pública en Madrid (tenía puntos por ser familia numerosa) de modo que daba saltos de alegría, y llegó el día en el que nos convocaron para ver las instalaciones. Yo "flipaba" comparándolo todo con la guarde de mis hijos. La aulas eran enormes, con patio propio ¡¡¡cada aula!!!, zona separada con los cambiadores, todos ,los juguetes educativos del mundo. Además todo nuevo (la guarde la habían inaugurado ese mismo año), y en cuanto la seguridad, estaba en un edificio oficial que también tenía una oficina de la policia municipal, podeis imaginaros...pero luego llegó el momento de las condiciones. En primer lugar, las económicas. Por mis ingresos (que os aseguro que no son espectaculares, ni mucho menos) me tocaba pagar algo menos que en la privada, pero resulta que como para la privada me daban beca al final me salía más caro, pero claro, una vez vistas las instalaciones eso no me importaba. Y en segundo lugar, las condiciones de funcionamiento, y ahí, con la administración hemos topado. Os especifico:
La hora de entrada: Como yo no quería horario ampliado, pues llevaría al niño a las ocho de la mañana, de modo que él entraba a las ocho, pero no a menos diez ni a y diez, a las ocho, si llegas a las ocho y diez tiene que esperar a las ocho y media, no abren entre horas. Si llueve, pues te j.d.s. Una vez que has llegado bien, tú tienes que encargarte de plegar el carrito y dejarlo en el cuarto que hay al efecto, llevas al niño a su aula, le quitas el abrigo, lo dejas en su sitio, colocas lo que lleve el niño (pañales, cremas, mochila etc.) en su sitio, y cuando el niño está listo para revista, entonces ya te puedes ir.
Capítulo tercero: En la guarde no dan medicinas...ni aunque estén recetadas, si le tienes que dar algo, por ejemplo, cada cuatro horas, pues no tienen nigún problema en...abrirte la puerta para que se lo des tú o la persona a la que mandes. Pero es que además, si tu hijo empieza con fiebre, no le van a dar ni siquiera un apiretal o un dalsy para que se encuentre mejor, te llamarán para que te lo lleves a casa y se lo des tú si quieres. Y yo pregunté, ¿pero si le empieza a subir mucho la fiebre mientras llego yo? Bueno, pues si pasa de 39,5 llamamos un samur para que se lo lleve al hospital. Genial, sobre todo para mí, con una hija que tenía otitis cada dos semanas, y que al margen del tratamiento o de que se tuviera que quedar en casa, es lo suficientemente doloroso como para que dejar a la cría una hora sin analgésicos no me convenciera. Os juro que llegados a ese punto me daban ganas de preguntar si tocaban a los niños o los cogían con pinzas para no involucrarse en nada.
Que conste que no creo que sea un problema de los cuidadores, es un problema del sistema administración / funcionarios, tengo una normativa que pone lo que pone, y fuera de ahí, ni un milímetro.
Evidentemente mis hijos siguieron en su guardería pequeñita y poco equipada, pero que ni es un aparcaniños, ni tiene normas de instituto de bachillerato.