Nosotras jugamos a una cosa que me encanta, porque la hace socializarse de una forma muy linda. El juego se llama "Todo el mundo me quiere", y es así:
Un día le dije: "Creo que en este pueblo todo el mundo te quiere a tí, nené. ¿Quieres ver que es verdad?" Ella, claro, enseguida quiso comprobarlo.
-Pues ya verás, cada vez que pase alguien por nuestro lado, lo saludas. Y ya verás que todos te saludan a tí.
Así empezó. Vienen tres señoras que salen de misa (estamos en la plaza de la iglesia, que queda delante de casa) y ella les dice: "Holaaaaaaaaaa, las tres abuelitaaaaaaaaaaas" al tiempo que mueve la manita. A las señoras, con el caractr dulzón de los canarios, duplicado por ser abuelas, y triplicado por ser de pueblo, se les cae la baba: "Holaaaaaaaa, mi niña, que cosa tan bonita, qué ojazos tienes, que dios te bendiga esa sonrisa, mi corazón".
Y ella se queda feliz: "Me dijeron mi niña, mami, y mi corazón, y guapa". Así vamos por la plaza y las callecitas del pueblo, y todo el mundo le devuelve su sonrisa linda y su saludito cariñoso, y ella se ha convencido de que todo el mundo la quiere, y va siempre tan feliz, que a mí se me afloja el corazón.
A mi madre que se queja de que nos hemos ido a vivir muy lejos ella le dice que a ellanuestra casa le gusta muuuuuucho, "porque allí todo el mundo me quiere, y aquí en tu casa, mima, todo el mundo va en coche".