¡El mío también! por si te consuela. Yo creo que sabe perfectamente lo que es ¡no! y, desde luego sabe lo que es ¡muy bien!, porque, cuando come algo que no debe y le dices ¡no, eso no!, se quiere como echar a correr y, si puede, se esconde, pero con lo que sea ya en la boca. Hay algunos que son muy cabezotas, aparte de que no le hayamos enseñado muy bien a no comer todo lo que pilla. Como dices, por lo menos no eran larvas... el mío se comió parte de un nido de procesionaria y casi se nos va... ¡qué mal lo pasó, pobrecito!... Saludos