No quiero molestarte en absoluto, te hablo desde mi experiencia.
Si te sientas contigo misma y piensas un poco, te vas a dar cuenta de que no se trata sólo de falta de tiempo, se trata de una pérdida de autoestima. Los niños se llevan mucho tiempo y cuando por fin se acaba el día y los vemos tan preciosos dormiditos, todavíanos queda a las madres la preparación de la ropa del día siguiente, el lavado, la limpieza del baño, la recogida de juguetes... Pero no sólo viven los niños en la casa, tu también formas parte de esa familia y si tu imagen pierde, la familia también pierde.
Los vecinos y amigos te verán como una madre extraordinaria, volcada con sus hijos, sacrificada, generosa... pero poco a poco dejarán de tenerte en cuenta como persona.
Tu marido pensará que eres fantástica, tan trabajadora, tan atenta a todo, tan madre... pero en su interior, echará de menos aquella chica moderna que le hacía sentirse jóven y a quien podía presentar siempre en cualquier ambiente y sentirse orgulloso.
Y tus hijos, en cuanto tengan edad de juzgar a los demás (eso lo hacen antes de los cinco años), pensarán que su madre no es tan "guapa" como las de sus compañeros. Oirán comentarios entre sus amigos y admirarán a las otras madres que llevan tacones o van maquilladas.
Tus padres y tus hermanos, tus amigas más íntimas, las personas que te quieren desde siempre, pensarán que aunque tu digas que todo te va muy bien, tu imagen no dice lo mismo y sufrirán por ti.
Yo me he enterado de todo esto demasiado tarde. Dejé de arreglarme, de comprarme ropa nueva antes de que se gastase la anterior, dejé de maquillarme y hasta de cuidar mi alimentación. Mi marido empezó a salir solo con sus amigos y si se encontraba a alguien del trabajo o de su grupo en la calle, se apartaba para saludarle lejos de mi para no tener que presentarme. A mi hija la pequeña le llegaron a decir en el colegio que yo sería una madre muy guay pero que era gorda y fea.
El tiempo pasa tan deprisa que, antes de que te des cuenta, esa dejadez no tiene vuelta atrás. La piel se cansa de esperar, el pelo se vuelve desobediente y tus ojos pierden esa chispa que hace vercada diacon ilusión y todo esto tiene una resonancia en tu interior y te va dejando atrás. Tu vida se convierte en una tribuna desde la que observas como viven los demás porque a tí ya no te dejan participar y tus únicas metas son las de los días felices de tus hijos que, irónicamente, serían más felices si tu te valorases un poco más.
Hazlo por ellos. Además de todo lo que les proporcionas, regalales una mamá joven, moderna, guapa, ilusionada... Te respetarán mucho más.
Es cuestión de dedicarse una hora al día como si fuese una obligación más.
Un abrazo.