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Te invito a un instante, un momento, o una vida ...

Hoy viernes, os dejamos con las palabras honestas y profundas de Mercé Roura.



Te invito a mi vida. Sin más pretensión que unas risas y unos ratos sin prisa ni agenda. Sin más necesidad que la de un trago largo o una charla que no se acabe nunca… Un silencio tan rotundo que nos permita mirarnos y encontrarnos la cara y las pupilas… Una habitación llena de luz y de música… Una maleta vacía de agobios y de culpas… Un mapa sin destino ni más ruta que las palabras y las miradas.

No es para quedarse y ni para irse, es para estar mientras estás y notar mientras pasa, pase lo que pase… Un café o una vida. Sin etiquetas ni consignas. Un momento o una eternidad contenida en una caída de párpados o un abrazo sostenido, cálido, cíclico, un suspiro desbocado…

Te invito a dejar pasar trenes que llevan al ruido y engullen la nada que nos rodea convirtiéndose en nada inmensa… Y a bailar melodías que sólo nosotros podremos escuchar. A ver como las olas mueren sin parar mientras un viento dulce nos besa la nuca y nos salpica de sal.

Te invito a vivir en mis entrañas cinco minutos, para que veas que ya no oculto nada y todos mis miedos se han vuelto diminutos, asequibles, remotos, pálidos, huérfanos de esperanza… Para mecernos en la tarde más triste y bailar en la noche más oscura si un día hace falta. Para que la mesa siempre esté puesta por si viene a cenar la fantasía y la ventana abierta para que entre la brisa y se vaya la mala sombra y las miradas rancias. Te invito a ser feliz ahora sin esperar nada, sin apegarse a nada, sin hacer más planes que hasta el final de este día que se nos podría escapar mientras pensamos en un futuro irreverente que jamás será como nosotros decidamos.

Te invito a sacarnos las púas y las escamas. A contar pecas y ver pasar peces muertos que nos recriminan que vamos en sentido contrario mientras tragan y lloran, mientras cuentan historias injustas y se quejan porque no saben decir no mientras no se callan. Para ver desfilar a los se alimentan de rutina y disfrazarnos de personas normales mientras por la costuras se nos escapa la risa y se nos ve el truco y la artimaña.

Te invito a construir un mundo paralelo y alzar un puente que cada día nos lleve a la realidad más absurda, para que podamos verla y conocerla y volver siempre justo antes de que nos salgan raíces… Antes de que la calabaza se nos convierta en carroza y descubramos que le dimos la vuelta al cuento.

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